
Al regreso de Cuicocha, Juan Alex me llevó a la casa de su hermana Eva y su esposo Hernán, quienes serían mis anfitriones hasta el sábado en Otavalo.
Los otavaleños son el equivalente de los paisas en regionalismo. Sólo en Medellín he escuchado tantas alabanzas! Es un pueblo pequeño, muy turístico por su famoso mercado de los sábados, el cual fue la razón de hacer tiempo en Ibarra, para que los días me coincidieran.
Eva, la hermana de Juan Alex, es sólo dos años mayor que yo, es casada y tiene dos hijos. El mayor, Juan Francisco, tiene 10 años y la chiquita tiene 4 y se llama María Celeste.
Eva me acompañó al lechero, un árbol grande que creció solo en medio de un bosque de eucaliptos. La subida allá fue muy difícil, casi 5 Km. en subida (ven Mateo y Jorge Felipe como ha mejorado mi estado físico?). Llegamos al árbol cuando yo ya estaba pensando que si hubiera ido sola me habría regresado.
La vista es impresionante. Se ve por un lado todo Otavalo y por el otro el volcán Imbabura (que le da el nombre a la región), a orillas del lago San Pablo.
Luego caminamos de nuevo, hasta el parque del cóndor, un parque de rehabilitación de fauna, donde tienen aves rapaces y de rapiña en cautiverio y hacen demostraciones de vuelo. Lo promocionan como una fundación de rescate, pero realmente no es impresionante y su impacto ecológico es nulo, pues las pocas aves que son liberadas regresan diariamente a comer al parque y generalmente nunca se adaptan al medio ni se reproducen.
Finalmente ese mismo día, fui con Eva a la cascada de Peguche, donde los indígenas locales celebran el Inti Raimy o solsticio de verano el 24 de Junio, bañándose en la cascada a media noche y haciéndose limpiezas rituales. Es un lugar muy lindo y con una energía súper fuerte... y un agua helada!
En la noche fuimos al bar de Nacho, un amigo de Eva y de su hermana Anita. Estaba también Bladimir, otro amigo, que nos dió un mini-concierto de guitarra, a pesar de que tenía la mano vendada por una fisura en un dedo.
Todos en Otavalo fueron súper queridos conmigo. Hasta ahora no puedo más que agradecer la buena suerte que he tenido, al encontrar personas maravillosas en el camino.
El viernes fuimos a Ilumán, pueblo de Chamanes... pero esa aventura merece un capítulo aparte.
Ahí les dejo todas las fotos!