
Puede ser que el haber encontrado compatriotas en la ruta me haya alborotado la nostalgia, pero cuando llegué a Quemchi, en Chiloé, me pareció haber llegado al puerto de Buenaventura, con su cielo gris, su aire húmedo y pesado y su incesante lluvia menudita.
El paso en ferry hacia la isla me hizo pensar en aquel viejo ferry que tomé tantas veces con mi papá para cruzar el río Magdalena hacia la isla de Mompox.
Pero luego llegaron los pingüinos. En Colombia no hay pingüinos. Nunca había visto pingüinos, excepto en acuarios y zoológicos. Y ahí estaban, en Chiloé cientos de pingüinos magallánicos y ... solo para mi!
Me hospedé en casa de Oscar de couchsurfing... ya ven, hasta en Chiloé hay couchsufers! Él y su polola (novia en chileno) Cecilia son un amor! La ciudad donde vive Oscar se llama Quemchi y es un puerto pequeño cerca a Ancud, que es una ciudad más grande. Con Oscar y Cecilia comimos, hablamos, escuchamos música colombiana, sobretodo cumbia que no se parece en nada a lo que llaman cumbia en Chile.
Además me hicieron una introducción a los chilensmos que tendría que aprender para el resto del viaje. Pololo (novio), pelar (hablar mal de los demás, que es el deporte nacional chileno), al tiro (inmediatamente)... en fin, todo un nuevo diccionario que debía reemplazar los argentinismos ya aprendidos!
La capital de Chiloé se llama Castro y tiene la iglesia en madera más grande del mundo. Acostúmbrense! En Chile todo es lo más...algo...del mundo.
Chiloé está lleno de casitas de colores vivos construídas sobre pilotes para protegerlas de la humedad. La gente tiene más influencia en su fisionomía de los indígenas Mapuche, que eran los chilenos originales. es posiblement el lugar más pintoresco que he visitado hasta ahora.
Recorrí esta isla con Jonathan, que seguía acompañándome en el viaje, haciendo su terapia de vivir a mi ritmo... aunque creo que casi lo enloquezco!
Conocimos a Paul, un francés que trabaja 8 meses al año en Francia para luego venirse 4 a Chiloé y que está construyendo una casa con las ventanas al revés frente al océano pacífico...
Y a Cristian, que es de Concepción, pero trabaja en Chiloé y es pescador. Es todo un personaje sacado de un cuento y me puso en contácto con su familia en Concepción, dónde luego me alojé.
Jonathan siguió de regreso a la Argentina y yo me fuí a Frutillar... una aldeita alemana en el sur de Chile!